
Cala Saona es una espléndida playa de rocas rojas, célebre por sus atardeceres impresionantes.

Vista de la playa de Cala Saona
Cala Saona no es simplemente una playa: es un anfiteatro natural donde el tiempo parece haberse detenido. Situada en la costa occidental de la isla, esta bahía es la única gran entrada de arena que interrumpe los imponentes acantilados que caracterizan esta parte de Formentera. Mientras que las célebres playas de Ses Illetes y Llevant se caracterizan por sus vastas extensiones de arena finísima, Cala Saona regala un contraste cromático único: el rojo ocre de las rocas que abraza un mar de un turquesa casi irreal.
La playa además satisface cualquier tipo de necesidad: una parte está equipada con hamacas y sombrillas para quienes buscan comodidad y servicios, mientras que la otra es completamente libre, ideal para quienes prefieren el contacto directo con la arena. Gracias a su ubicación resguardada y a sus fondos que descienden muy lentamente, la bahía es una verdadera piscina natural, perfecta para largas caminatas por el agua o nadar en aguas siempre tranquilas y cristalinas.
Cala Saona se extiende unos 140 metros de ancho, pero su profundidad y su forma de semicírculo la hacen acogedora incluso en los días más concurridos. Su característica más célebre son los acantilados de arenisca roja que la rodean a ambos lados. Estas paredes no solo protegen la bahía de los vientos, sino que crean un escenario único donde la roca parece zambullirse directamente en el agua cristalina.
Justo al pie de estos acantilados podrás ver los «escars»: los tradicionales varaderos de madera utilizados por los pescadores locales. Estas estructuras, declaradas Bien de Interés Cultural, sirven para proteger los llaüts (las embarcaciones típicas de Formentera) de la corrosión marina y de las tormentas. Observar los raíles de madera que se deslizan hacia el agua es como dar un salto al pasado de la isla, una época en la que la pesca era el único medio de subsistencia. Por su peculiaridad, los escars se han convertido en uno de los símbolos más fotografiados e icónicos de Cala Saona.
Para quienes no pueden quedarse quietos bajo la sombrilla, Cala Saona ofrece diversas oportunidades de exploración, tanto por tierra como por mar.
Desde el lado sur de la playa parte un sendero que sube por el acantilado y conduce hacia Punta Rasa. En unos 20 minutos de caminata (recomendada con calzado cerrado o sandalias deportivas), llegarás a paredes verticales sobre el mar de casi 20 metros de altura. La vista desde aquí es inolvidable: podrás admirar toda la bahía de Cala Saona desde lo alto y, en los días despejados, la silueta de la isla de Es Vedrà. Es un punto privilegiado para observar el panorama en total tranquilidad.

Las rocas rojizas alrededor de Cala Saona
Las aguas de Cala Saona están casi siempre en calma, protegidas por su configuración en forma de herradura. Esto la convierte en el lugar ideal para alquilar un kayak o un SUP (Stand Up Paddle) en el servicio de alquiler cercano (Enjoy Saona Watersport). Remando hacia el sur, podrás explorar las cuevas marinas de Punta Rasa. Estas cavidades, accesibles solo desde el mar, ofrecen juegos de luz espectaculares y aguas de un azul profundo donde es posible detenerse para un chapuzón lejos de la orilla.
El secreto de la extrema transparencia de las aguas de Formentera es la Posidonia Oceánica. Esta planta marina, fundamental para el ecosistema, actúa como filtro natural, oxigenando el agua y manteniéndola limpia. Ponte la máscara y nada cerca de las rocas laterales: los fondos están poblados por sargos, doradas y pequeños pulpos que encuentran refugio entre los recovecos del acantilado rojo. Es una verdadera piscina natural apta incluso para los más pequeños.
A pesar de sus dimensiones reducidas y su atmósfera íntima, Cala Saona cuenta con una oferta culinaria de altísimo nivel, que abarca desde la cocina tradicional hasta las nuevas tendencias gourmet.

Vista desde el restaurante Pikala
Cala Saona es considerada el punto de observación privilegiado para la puesta de sol en Formentera. Gracias a su exposición hacia el oeste, aquí el sol se pone directamente en el mar. Mientras la luz disminuye, los acantilados rojos sufren una transformación cromática casi irreal, pasando del naranja intenso al violeta. En los días más despejados, podrás ver distintamente la silueta de Es Vedrà en el horizonte.
Es precisamente este marco espectacular lo que atrae cada tarde a decenas de visitantes: sentarse en la arena con un cóctel y ver cómo el sol saluda al día es una emoción que no tiene precio.
Para disfrutar de la playa de Cala Saona sin imprevistos, es recomendable organizar los desplazamientos con antelación, empezando por el primer paso del viaje.
La mayoría de los turistas prefiere alojarse en una casa de vacaciones en Es Pujols para tener a su disposición una amplia variedad de servicios y vida nocturna. Esta solución permite disfrutar de la movida nocturna, manteniendo la libertad de desplazarse durante el día para descubrir las caletas más salvajes. Desde esta ubicación estratégica, podrás llegar a la playa de Cala Saona en unos 15 minutos, pasando en un instante de la energía del centro al relax total.
«Un viaje se vive tres veces:
al soñarlo,
al vivirlo y
al recordarlo. «
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