
Formentera, el último paraíso del Mediterráneo.
Formentera no es simplemente un destino turístico; es el último baluarte de un Mediterráneo auténtico, un fragmento de tierra donde el tiempo parece haberse detenido para preservar una belleza primordial. Definida por muchos como el último paraíso, esta isla ejerce un atractivo magnético sobre cualquiera que busque una conexión profunda con la naturaleza. Para disfrutar plenamente de esta magia, el secreto es reservar uno de los mejores alquileres vacacionales en Formentera, para tener un refugio perfecto donde relajarte tras un día de sol.
En esta guía completa, exploraremos cada matiz de la isla: desde sus playas virgenes hasta sus núcleos urbanos, pasando por su geografía y consejos prácticos sobre cómo desplazarse. Muchos visitantes prefieren vivir el territorio en total libertad optando por el alquiler de motos en Formentera, el medio más ágil para explorar cada cala.
Formentera es una joya de España situada en el corazón del Mar Mediterráneo. Junto a Mallorca, Menorca e Ibiza, forma el archipiélago de las Baleares, pero se distingue de ellas por su carácter y dimensiones. Con una superficie de solo 83 km², es la más pequeña de las islas habitadas. Su posición geográfica es estratégica pero aislada: se encuentra al sur de Ibiza, separada por un brazo de mar de apenas 2 millas náuticas (unos 3,6 km), conocido como Es Freus.
Esta corta distancia, sin embargo, representa una barrera simbólica fundamental: Formentera carece de aeropuerto. Esta característica, que para muchos podría parecer un límite logístico, es en realidad su gran fortuna, ya que actúa como un filtro natural contra el turismo de masas incontrolado. El acceso está garantizado exclusivamente por mar.

Para llegar a Formentera, el viajero debe realizar un auténtico rito de paso. La ruta estándar consiste en volar a Ibiza; una vez allí, es necesario dirigirse al puerto de Ibiza (situado a unos 10 minutos en taxi o 20 minutos en autobús con la línea 10E).
Desde allí, se embarca en un ferry a Formentera che, en unos 30 minutos de navegación, permite desembarcar en La Savina, el único puerto de la isla. Una vez en tierra, para moverte con total comodidad y llegar a tu alojamiento con las maletas, la mejor solución es optar por un alquiler de coches en Formentera.
Definir las playas de Formentera como las más bellas del Mediterráneo no es una exageración, sino una constatación objetiva. Caracterizadas por una arena finísima y blanca y por aguas cuyas tonalidades varían del turquesa al verde esmeralda, estas costas no tienen nada que envidiar a los paraísos caribeños.
El verdadero secreto de esta pureza es la Posidonia Oceánica, una planta acuática que actúa como un auténtico pulmón y filtro natural, depurando el agua y permitiendo que la luz se refleje en los fondos claros de una manera única. Ya sea que busques una cala remota y silenciosa, una costa salvaje azotada por el viento o una playa equipada con todas las comodidades, el litoral de Formentera ofrece el escenario perfecto para cada tipo de viajero.
Es la playa más famosa e icónica, situada en la punta norte dentro del Parque Natural de Ses Salines. Se trata de una estrecha lengua de arena blanca bañada por el mar a ambos lados. Aquí el agua está casi siempre en calma y presume de un turquesa cegador, similar a una piscina natural. Ses Illetes es, sin duda, el lugar más fotografiado y querido de la isla.
Situada en el lado opuesto de Ses Illetes, a lo largo de la costa oriental de la península de Es Trucadors. Playa de Llevant es el destino ideal para quienes buscan un entorno más salvaje y menos concurrido. Al estar expuesta a los vientos de levante, suele ofrecer un mar más movido, regalando un paisaje de una belleza cruda e incontaminada.
Una bahía encantadora en forma de media luna, protegida por altos acantilados de color rojo ferroso que crean un contraste cromático espectacular con el azul del mar. Gracias a su orientación hacia el oeste, Cala Saona es, sin duda, el mejor lugar de la isla para admirar la puesta de sol, cuando el sol se sumerge en el mar tiñendo las rocas de fuego.

Playa de Migjorn se extiende a lo largo de más de 6 kilómetros por casi toda la vertiente sur de la isla. Es una costa extremadamente variada, donde se alternan largos tramos de arena blanca, acantilados bajos y calas solitarias como la sugerente Caló des Mort. Es la zona preferida por los amantes del contacto directo con la naturaleza y por los naturistas.
La única playa de la isla situada justo al lado de un núcleo urbano. A pesar de su ubicación central, conserva un mar maravilloso con islotes rocosos que emergen del agua. Es la elección perfecta para familias y para quienes desean alternar un baño refrescante con una pausa en uno de los muchos restaurantes y bares situados en su paseo marítimo peatonal.
Conocidas comúnmente como las playas de Es Caló, se trata de una serie de tres pequeñas calas de arena fina que se alternan con zonas rocosas. Son famosas por sus históricas pasarelas de madera y los refugios para las barcas de los pescadores (escars). Las aguas de Ses Platgetes están consideradas entre las más transparentes y profundas de toda Formentera, lo que convierte a esta zona en una parada obligatoria para los amantes del snorkel.
Formentera está salpicada de pequeños pueblos, cada uno con una identidad propia. Decidir dónde alojarse en Formentera depende mucho de la atmósfera que busques: desde el bullicio turístico de Es Pujols hasta la paz mística de La Mola.
Si buscas servicios, ocio y comodidad, Es Pujols es tu base ideal. Es el principal centro turístico y el único que se asoma directamente al mar. Aquí la oferta es amplísima: desde restaurantes gourmet hasta locales para el aperitivo, pasando por el característico mercadillo nocturno que anima el paseo marítimo. A pesar de su vocación turística, mantiene un encanto especial gracias a los islotes que decoran su bahía.
Es el corazón palpitante y administrativo de la isla. Este pueblo encanta por su plaza inmaculada, dominada por una iglesia fortificada del siglo XVIII que antiguamente protegía a la población de los ataques piratas. Pasear por Sant Francesc significa perderse entre boutiques de diseño y cafés históricos. Es el lugar preferido por los residentes y por quienes buscan una elegancia relajada y auténtica.

Histórico punto de encuentro de la comunidad hippie en los años 70, Sant Ferran ha mantenido un aire alternativo y bohemio. La célebre Fonda Pepe sigue allí como testigo de una época de libertad. Hoy, el pueblo es famoso por su mercadillo de arte y por ser un centro cultural muy activo.
Además de ser el puerto de entrada, La Savina se ha convertido con los años en una localidad agradable para pasear entre los yates amarrados y los puestos del mercadillo. De aquí parten también los tours organizados en catamarán hacia la isla de Espalmador.
Situado en la meseta más oriental, es el pueblo más aislado y auténtico de la isla. Rodeado de bosques de pinos, es célebre por su histórico mercadillo hippie, que se celebra dos veces por semana con música en vivo y artesanía. Es el lugar ideal para quienes buscan paz absoluta y quieren disfrutar de una panorámica impresionante de Formentera.
Una joya incrustada en la roca. Este pueblo de pescadores es famoso por sus antiguos varaderos de madera para las barcas (escars), declarados Bien de Interés Cultural. Es un lugar excelente para comer pescado fresquísimo mientras contemplas los acantilados de La Mola, en un entorno que parece haberse detenido en el tiempo.
El chiringuito en Formentera no es un simple bar de playa, sino el símbolo de un estilo de vida libre y bohemio que hunde sus raíces en los años 70. Sin embargo, el verano de 2024 marcó un cambio de época: tras una licitación pública, muchas concesiones históricas cambiaron de gestión, dando vida a un panorama renovado.
Aunque nombres legendarios como el Piratabus, el Lucky o el Kiosko 62 han cerrado oficialmente sus puertas, su legado vive en los nuevos kioscos que han sabido preservar la atmósfera informal, enriqueciéndola con un diseño cuidado y propuestas gastronómicas modernas.
Los nuevos chiringuitos son hoy el punto de encuentro entre la tradición de la isla y un futuro lleno de novedades, donde disfrutar del mar con los pies en la arena:

Si visitas la isla solo por pocas horas saliendo desde Ibiza, concéntrate en el norte. Alquila una moto en el puerto, pasa la mañana en Ses Illetes, almuerza en un bar en el paseo marítimo de Es Pujols y, por la tarde, haz una visita rápida al Faro de Cap de Barbaria antes de volver a tomar el ferry.
Una semana te permite descubrir las playas menos transitadas, recorrer a pie los senderos de la reserva de las salinas, visitar la isla desierta de Espalmador a bordo de un catamarán y disfrutar de una cena diferente cada noche en los mejores restaurantes de la isla, como los situados en Es Caló o Sant Francesc.
El clima de Formentera es un clásico ejemplo de clima mediterráneo subtropical, caracterizado por inviernos muy suaves y veranos cálidos pero constantemente ventilados. Gracias a su conformación llana y a la escasez de relieves montañosos, la isla no retiene las nubes, haciendo que las precipitaciones sean extremadamente escasas y se concentren casi exclusivamente en el periodo que va de noviembre a marzo. Con más de 300 días de sol al año, Formentera es un destino disfrutable en cualquier estación, capaz de ofrecer atmósferas diferentes pero siempre fascinantes.
De junio a septiembre, los días soleados son la norma y las lluvias son un evento rarísimo. Las temperaturas medias oscilan entre los 25°C y los 30°C, pero la constante presencia de la brisa marina hace que el calor sea agradable. Para los amantes de la natación, el periodo de oro comienza en julio, cuando la temperatura del agua alcanza los 24°C, tocando sus picos máximos en agosto y septiembre. Es el momento perfecto para quien busca la Formentera más viva y solar.
Mayo y octubre son considerados por muchos los meses “mágicos”. En este periodo las temperaturas son ideales (alrededor de los 22-24°C) para explorar la isla en bicicleta o a pie sin sufrir el calor estival. Mayo recibe al visitante con una explosión de floraciones salvajes y aromas mediterráneos, mientras que octubre regala las puestas de sol más nítidas y espectaculares del año, con la isla empezando a reencontrar su calma ancestral tras el bullicio de los meses centrales.
El invierno en Formentera es muy suave, con temperaturas que raramente bajan de los 10°C. Aunque la humedad y el viento puedan aumentar la sensación de frío, los días de sol terso permiten largas caminatas solitarias por las playas desiertas. Es el momento preferido por los artistas y por quien desea ver la isla “desnuda” y conectar con el silencio de los faros y la fuerza del mar de invierno.
Formentera conserva un alma bohemia que hunde sus raíces en los años 60 y 70, cuando la isla se convirtió en un refugio para artistas, músicos y librepensadores de todo el mundo. Esta herencia es aún palpable en los vivaces mercados artesanales que salpican la isla, símbolos de un estilo de vida lento y en contacto con la naturaleza.
Los mercadillos de Formentera son la expresión más auténtica de la creatividad de la isla, donde la artesanía se funde con la música en vivo y la atmósfera hippie.
Los faros de Formentera no son solo puntos de referencia para los navegantes, sino verdaderos lugares de peregrinaje para quien busca panoramas impresionantes y un sentido de infinito.

La cocina de Formentera es históricamente una “cocina de resistencia”, nacida del ingenio de sus habitantes para transformar los pocos frutos de una tierra árida y de un mar generoso en platos nutritivos y sabrosos. Cada receta cuenta un trozo de la historia de la isla, ligada a los ritmos de los pescadores y de los campesinos. Hoy, esta tradición convive con la excelencia de la restauración moderna, ofreciendo una experiencia culinaria que va mucho más allá de una simple comida.
Experimentar los sabores locales es un paso obligado para comprender el alma de la isla. Aquí tienes los platos típicos que no pueden faltar durante tu vacanza:

Para concluir dignamente una comida en Formentera, no puede faltar un vasito de Hierbas Ibicencas. Este licor digestivo es el resultado de la infusión de decenas de plantas silvestres de la isla (entre ellas anís, tomillo, romero e hinojo). Disfrutado frío o con hielo, representa el sabor del verano mediterráneo en un solo sorbo.
Aunque su longitud máxima es de solo 19 km, Formentera sorprende por su desarrollo costero: nada menos que 69 km de litoral donde se alternan acantilados imponentes, playas de arena finísima y calas rocosas. La conformación de la isla es predominantemente llana, con dos promontorios en los extremos: Cap de Barbaria al suroeste y la meseta de La Mola al este, que alcanza los 192 metros sobre el nivel del mar.
La naturaleza llana de la isla invita a un descubrimiento pausado. En los meses menos calurosos, como mayo, junio o septiembre, el medio de transporte ideal es la bicicleta. Pedalear a lo largo de las numerosas rutas verdes permite entrar en sintonía con el genius loci de la isla. Al recorrer estos senderos, te verás envuelto por una sinfonía de aromas: el respiro de los pinos marítimos, la fragancia de las sabinas centenarias y el aroma punzante de las plantas silvestres como el romero, el tomillo y el hinojo.
Sin embargo, conviene tener en cuenta un consejo logístico importante: aunque la bici es perfecta durante el día, por la noche los caminos de tierra y poco iluminados pueden resultar traicioneros. Para los desplazamientos nocturnos o para llegar a los puntos más distantes, como los faros, es preferible optar por el alquiler de una moto o de un coche.
El entorno natural de Formentera está protegido con rigor por el Consell Insular. Aquí es fácil avistar especies de aves migratorias, entre ellas los majestuosos flamencos que descansan en las salinas, y las gaviotas que anidan en los acantilados. Pero el verdadero habitante es la lagartija de Formentera (Podarcis pityusensis), un reptil de un color verde esmeralda intenso, que a veces vira al azul, que puebla cada rincón de la isla y se ha convertido en el símbolo gráfico de Formentera.
El Parque Natural de Ses Salines es el área protegida más importante de la isla, un ecosistema fragilísimo que testimonia el vínculo milenario entre el hombre y la sal. Declaradas Reserva Natural en 1995, las salinas de Formentera ya no se explotan para la extracción comercial, sino que representan hoy un santuario de la biodiversidad y un paisaje de una belleza surrealista. Durante los meses de verano, gracias a la concentración de microorganismos y a la cristalización de la sal, las balsas adquieren tonalidades que van del rosa pálido al violeta, creando un contraste mágico con el azul del cielo.
En la zona norte se extiende el Estany Pudent, una laguna de 3,5 km² que alcanza los 4 metros de profundidad. El nombre, que en catalán significa “pestilente”, deriva del olor desprendido por los procesos de descomposición orgánica durante los calurosos días de verano. Un fenómeno fascinante que ocurre aquí es la formación de copos de espuma salada que vuelan como nieve durante los días de fuerte viento, debido a la altísima salinidad.
Al lado se encuentra el Estany des Peix, una laguna más pequeña que comunica con el mar a través de un estrecho canal llamado Sa Boca, utilizado como refugio natural para pequeñas embarcaciones.
El aspecto de Formentera sigue profundamente ligado a su herencia rural. La arquitectura tradicional es un ejemplo perfecto de adaptación al entorno. Las fincas, las típicas casas blancas, se construían con piedras locales y muros gruesos para aislar a los habitantes del frío húmedo del invierno y del calor sofocante del verano. Muchas de estas casas conservan aún pozos y hornos externos, símbolos de una época de autosuficiencia alimentaria e hídrica.
Un elemento que define el paisaje visual de Formentera son los muros de piedra seca. Estas estructuras, realizadas encajando piedras en bruto sin la ayuda de mortero o cemento, recorren kilómetros por toda la isla. Históricamente servían para delimitar las parcelas de terreno, proteger los cultivos del viento salino e impedir que el ganado invadiera los caminos.
Hoy en día, esta técnica se considera un arte y los artesanos locales siguen dedicándose a su mantenimiento y construcción, tanto que el muro de piedra seca se ha convertido en un elemento de prestigio incluso en las villas modernas.
Formentera tiene una historia de poblamiento intermitente y fascinante. Tras periodos de abandono debidos a las incursioni piratas, la isla ha vivido un renacimiento demográfico constante solo en tiempos relativamente recientes. A principios del siglo XX, la población no superaba las 2000 personas.
Según los datos más recientes del padrón de Formentera, en 2025 se contabilizan 11.690 residentes, de los cuales unos 3400 han nacido y crecido en la isla. La composición demográfica es extremadamente variada: aproximadamente el 33% de la población es de nacionalidad extranjera, con una comunidad italiana particularmente numerosa y activa en el sector de los servicios y la restauración. El 42% de la población procede de otras regiones de España, creando una mezcla cultural vibrante que se refleja en la cocina y en los eventos locales.
Desde los años 70, Formentera ha dejado de ser una isla de solo pescadores y agricultores para convertirse en uno de los destinos más codiciados de Europa. Los primeros pioneros fueron turistas franceses y alemanes, seguidos por una masiva llegada de italianos en los años 90.
A diferencia de la vecina Ibiza, Formentera es elegida por quienes buscan discreción. El mito de Formentera se alimenta cada año de personalidades nacionales e internacionales que buscan reconectar con la naturaleza. Es habitual ver a grandes deportistas como Rafa Nadal navegando por sus aguas, o a figuras del cine y la cultura española como Paz Vega y el diseñador Adolfo Domínguez, quienes aprecian el lujo de la sencillez que ofrece la isla. Aquí, el glamour no se mide en alfombras rojas, sino en la capacidad de disfrutar de un atardecer descalzo en la arena, conviviendo en armonía con el espíritu hippie original.
«Un viaje se vive tres veces:
al soñarlo,
al vivirlo y
al recordarlo. «
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